Deberíamos disfrutar muchas más primeras veces. No digo vivir primeras veces, eso es inevitable y en muchas ocasiones una simple cuestión de tiempo, sino disfrutarlas, compartirlas, exprimirlas y bebernos hasta la última gota.

La nieve dando la bienvenida a la primavera ha sido de lo más comentado en los últimos días, a los salmantinos no nos sorprende especialmente pero me he encontrado con un punto de vista que sí me ha llamado la atención: una amiga valenciana ha visto nevar por primera vez. 25 años. Seguramente dentro de unos meses yo ya no recuerde que en marzo nevó en Madrid pero si la cara y los ojos de mi amiga chispeando mientras describía el recorrido de los copos antes de deshacerse en el asfalto de la Gran Vía.

Y es que de niños vivimos cientos de primeras veces cada día, en ocasiones incluso vivimos una primera vez varias veces. Me encanta cuando un niño descubre un movimiento o un sonido y lo repite cada día con la misma energía e ilusión que el anterior, esperando una respuesta distinta. Toda nuestra infancia está llena de primeras veces sorprendentes y emocionantes, la primera palabra, la primera vez que vemos imágenes moviéndose en televisión o vamos a un espectáculo en directo. La primera pelota, la primera canción, el primer chapuzón, la primera vez que salimos amigos, el primer beso, el primer desengaño. Y así, de primera en primera, llegamos a la adolescencia donde, entre otras primeras experiencias, llega la de encerrarte solo contigo mismo. Solos, dejamos de disfrutar de esa chispa de las primeras veces, del gusanillo en el estómago al no saber si la chispa en cuestión va a brillar, va a quemar o va a pasar de largo. Nos da vergüenza reconocer que estamos ante algo nuevo y dejamos de emocionarnos y de apreciar esas sensaciones. Desde entonces las pasamos lo más rápido y discretamente posible, sin disfrutarlas y hay que volver a recuperarlas.

Hay que pararse y mirar durante tres segundos el recorrido de un copo de nieve. Cada día puede ser un primer día solo con esa parada de tres segundos. Es el tiempo que tardamos en levantar la vista y descubrir la fachada de un edificio de cuya existencia no nos habíamos percatado, en pedir el sabor de helado que por no saber, no sabemos ni pronunciar o en abrir un libro que no habíamos planeado leer sólo porque nos gusta la portada. Tres segundos para que vuelva, por primera vez, esa chispa.

Y si ya estamos de vuelta, si lo hemos mirado y probado todo podemos volver a disfrutar de una segunda primera vez. En esta página encontrarás muchas propuestas y muy pocas excusas, será la primera vez que de adulto escuches la banda sonora de tus dibujos animados favoritos. Los Fruitis, los Mosqueperros o Dragon Ball, te van a brillar los ojos. La chispa de primera vez que un adulto come un Sugus, merienda un Cola-Cao o juega una partida de traga-tragabolas, espero que la vuestra brille y que la dejéis que os ilumine durante, al menos, tres segundos.

by: Srtarockandrolla

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