Sobre motivación y voluntariado

Todos conocemos a alguien que en algún arrebato de valentía nos ha sorprendido con un “me voy a hacer un voluntariado a África…o a Chile…o a la India los más exóticos” y al recibir la noticia todos nos hemos quedado con esa sonrisa tensa de quién siente a la vez admiración y ganas de animarle y un miedo terrible a lo lejano y desconocido.

Dicho esto, cambio a primera persona porque yo tuve este arrebato a principios de año, las caras de mi familia fueron un poema, más de miedo que de ánimo. Las de mis amigos al contrario, ellos ya habían notado que dentro de mí latían unas enormes ganas de compartir lo poco sé y de aprender mucho más. El destino lo tenía claro, creo que lo decidí de pequeña cuando me decían aquello de “cómetelo todo porque los niños de África no tienen qué llevarse a la boca”. De alguna forma, esa amenaza me creó una especie de vínculo hacia esos niños que no tienen mucho de lo que a mí a veces hasta me sobra. No es fácil elegir un proyecto porque hay infinitos y cada ONG tiene un montón de argumentos a su favor, la mayoría son muy solidarias con los desfavorecidos pero muy estrictas con ciertas cláusulas de asociación y donaciones.

Yo no quería ser parte de ninguna organización por obligación, así que finalmente opté por una asociación cuyo único cometido es ayudarte desde aquí con su experiencia y consejos pero la cooperación es directamente por y para una escuela y orfanato en Tanzania.

Antes de irme, oí muchas veces algo que también os sonará familiar: que no hace falta que te vayas al otro lado del mundo para ayudar, hay muchas cosas que se pueden hacer aquí. Por supuesto, esto es totalmente cierto pero he aquí lo que yo considero la clave de cualquier proyecto (y es extensible para todos los ámbitos): para triunfar hay que actuar con convicción y actitud. No luchamos igual en una batalla en la que no hemos decidido estar que en una que nosotros mismos empezamos. Por eso, hay que estar donde queramos estar, donde nos mande nuestro instinto y tener en cuenta que las situaciones en las que vive la gente que necesita ayuda no son fáciles ya no desfallecer en el intento depende de la energía y la capacidad de adaptación que tengamos. Ambas alcanzarán el punto más alto si estamos donde queremos estar. Yo decidí vivir como una más en un orfanato para niños sin recursos. Algunos de estos niños han perdido a sus padres por diversas enfermedades, la más frecuente es VIH y algunos de estos padres han perdido a sus niños al abandonarlos en la calle por no tener recursos para mantenerlos. Lo de los recursos en África es un tema complejo, desde aquí la primera palabra que nos viene al leer “recursos” es economía pero allí significa que no tienen nada qué comer, ni agua ni mucho menos higiene.

El contraste entre sus necesidades, valores o costumbres y las nuestras es enorme. Sin embargo, sus ganas de disfrutar cualquier ocasión, ya sea un paseo o un plato de comida son inmensas también. Me asombraba cada día viendo la dedicación con la que se saludan, realmente interesados por lo que les sucede a sus vecinos. Mientras charlaban entre ellos no pensaban en nada más, logran la atención plena en cada actividad. Esto contrasta muchísimo con nuestra prisa por hacer el mayor número de cosas posibles en un día y quitarnos las tareas de encima cuanto antes. Me enseñaron que hay que dejar todo a un lado durante unos minutos para disfrutar de una conversación con amigos, de un buen café o un vistazo a las estrellas, que por cierto, en África brillan más cerca que en ningún otro cielo.

 

Sobre los paisajes tanzanos

Cuando nos hablan de África nos imaginamos una enorme explanada sin vegetación y una manada de leones vagando por ella, sin saber que es un enorme continente lleno de contrastes. Tanzania es un país precioso, es una explanada árida y llena de vegetación al mismo tiempo. En un mismo lago se encuentran los pescadores que van a buscar alimento para los pueblos de alrededor con manadas de animales salvajes; antílopes, ñus y flamencos que se acercan a beber.

El contraste está en todos los rincones, entre ricos y pobres, entre días muy calurosos y noches frías, entre refugios levantados en arena y cemento y enormes resorts de lujo para turistas.

El proyecto Neema con el que yo fui a colaborar está en Kigongo, un pueblecito muy pequeño al norte del país. Pertenece a Mto Wa Mbu, a orillas del Lago Manyara, una parada frecuente para los turistas que visitan los parques cercanos, conocida por el cultivo de banana roja y los mercados maasai. La mayoría de la población está siempre de aquí para allá, pasan las horas en la calle saludando a unos y a otros y esperando a que pase algo. La espera es un estado habitual para los africanos y, como ya os adelanté, el ritual del saludo es muy importante. Sin prisa y con interés verdadero por la otra persona, pueden dedicar un cuarto de hora a preguntar por el tiempo, la familia o los vecinos. Las calles están siempre abarrotadas de gente, los tanzanos solo están en sus casas para dormir, el resto del día lo pasan fuera, al borde de los caminos, debajo de una sombrilla tomando café o alrededor de un bus para ver partir a los viajeros. Para probar que no tienen prisa los buses no tienen horarios. Para los trayectos cortos ni siquiera suelen ser buses, son furgonetas que cuando tienen viajeros suficientes arrancan y por el camino van abriendo las puertas para que sigan subiendo. Pueden empezar el viaje ocho personas y acabarlo veinticinco, diez cubos, dos gallinas y una cabra.

El transporte es uno de los negocios más rentables, el resto de los trabajos suelen estar relacionados con los cultivos de maíz, banana, frutas tropicales… A las familias que les va bien pueden permitirse además algunos animales: gallinas, cabras y vacas en los mejores casos. El resto de la población sigue esperando a que pase algo o está en la calle vendiendo alguna cosa. De hecho, en las ciudades no hay aceras pero entre las casas y las carreteras el espacio está muy solicitado. Todos venden algo, las mamás africanas sacan a la calle sus vegetales, frutas, aceites y desde primera hora de la mañana cocinan allí mismo y después  friegan sus ollas gastadas. Igual puedes comprar un recorte de tela que una taza de té o un plato de carne con verduras. Y, si eres blanco, además puedes comprarlo a un precio tres veces más alto, porque hay una especie de resentimiento hacia todos nosotros, especialmente hacia las mujeres que viajan solas, que les tensa y solo les permite hacer negocios cuando pagas más que uno de ellos. No creo que sea maldad, es una especie de revancha que quieren ganar en pequeñas batallas. No es fácil de entender, no te odian pero si tienen que elegir, prefieren que los negocios queden entre ellos.

Hay mucho trabajo por hacer en estas sociedades, en todos los ámbitos, desde la educación hasta el comercio. Es cierto que no tienen problemas, que todos los días se dicen Hakuna Matata pero no es que sea su estado ideal sino que tienen una enorme capacidad de adaptación y saben que el momento para ser felices es siempre ahora, con todo lo que tenemos y con todo lo que nos falta.

Así es la vida en Tanzania, pobre e inmensamente feliz.

 

Sobre el proyecto Neema Yatima School

Lo bueno de ayudar a niños es que como siempre son sinceros, sabes exactamente lo que estás haciendo bien y lo que estás haciendo mal. No hace falta tener la misma educación ni un idioma en común… la comunicación es infinitamente más fácil que con los adultos. Con ellos, yo entendí rápidamente que en Tanzania no están acostumbrados al contacto físico, los padres les dan la mano pero nunca un abrazo y los besos están reservados para ocasiones muy, muy especiales.

Sin embargo, es un símbolo de amistad llevar a los amigos del brazo al caminar, por eso todos los niños querían ir a mi lado, es como una una señal de protección. Y es una sensación indescriptible que unos niños de ocho años, vestidos con los harapos que nos sobran a nosotros y descalzos se agachen a quitarte ramas del suelo para que no te tropieces tú, que vas con tus deportivos último modelo. El proyecto Neema Yatima School acoge actualmente a seis niños y cuatro niñas menores de edad, sin recursos y sin familia que pueda hacerse cargo de ellos. Además, tienen habilitada una clase y una profesora para otros menores  de la zona que no pueden ir a otra escuela. Aceptan a voluntarios porque es una inyección de cariño y cultura para niños y adultos. Que alguien del primer mundo decida dejar sus comodidades para pasar unos días con ellos les llena de orgullo, les hace sentir queridos, especialmente a niños que han visto cómo sus padres les abandonaban en la calle o morían enfermos.Aunque sobre estas situaciones el director del centro intenta no dar muchos detalles y recordar que ahora tienen un hogar. Creo que centrarse en lo bueno que nos ofrece el presente es parte del optimismo de África.

En España ONG Voluntariado se encarga de presentar el proyecto y los detalles y echar una mano a los que quieran colaborar, más abajo dejo el contacto.

Cabe destacar que los niños y las mujeres en África trabajan muchísimo. Cocinan, friegan, lavan la ropa y, en los mejores casos, cuidan de las huertas y ganados. En Tanzania, por las condiciones climáticas, económicas y sociales están acostumbrados a hacer todo muy despacio, a esperar que vengan tiempos mejores y a descansar a menudo. Yo me pregunto cómo han podido salir deportistas de esta sociedad donde pasan la mayor parte del tiempo guardando fuerzas y energía. Ni siquiera confían en tener comida todos los días, así que, cuando pueden comprar y cocinar, preparan guisos consistentes, comen uno o dos platos y descansan para no gastar la energía.

Me sorprendía cada día que viendo lo poco que tienen no piensen en guardar más para el futuro, pero ellos no creen en el futuro. Por eso son tan felices, solo les preocupa hoy y están absolutamente presentes en cada momento. Confían en que mañana “Dios proveerá”, ni siquiera sienten rencor hacia un Dios que no les da recursos para tener una existencia digna porque sí les da la oportunidad de ser felices. Y eso exactamente lo que me pasó a mí en este orfanato: me dieron la oportunidad de ser feliz y de concentrar toda la energía en el momento presente. Me ayudaron a comprender que no necesitamos grandes cosas para vivir, necesitamos apreciar la vida para lograr grandes cosas.

Para más información sobre este y otros proyectos podéis visitar ONG Voluntariado o enviar un mail a info@ongvoluntariado.org

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1 comentario

  1. Rodriguez Edu. on

    Yo también viví una experiencia similar y sin lugar a la duda es una vivencia que te depura el alma. De las mejores experiencias que una persona puede tener.

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