Arco nos tenía acostumbrados a ser el escaparate anual del Arte Provocador y, si la pasada edición ya nos dejaba intuir que la provocación estaba quedando en un segundo plano, en esta se ha consolidado la vuelta a la estética Contemporánea más agradable. El arte como lo esperamos casi todos los públicos, con delicadas técnicas y con un mensaje casi siempre comprensible.

Dejando a un lado las apuestas que no fallan en ninguna edición, Miquel Barceló, Juan Genovés, Antoni Tàpies o Manuel Franquelo ha sido agradable volver a ver como las Galerías apuestan por imponentes pinturas, esculturas con delicados materiales y fotografía con unos paisajes de ensueño.

Detalle de la obra de Juan Genovés en la Galería Marlborough

Ver, hemos visto menos vídeo que años anteriores aunque eso ha ayudado a que nadie que haya puesto un pie en la entrada de Arco haya salido sin comentar la obra de Daniel Canogar. En el stand de El País proyectada en una enorme pantalla de led, plasmaba el artista su reflexión sobre la velocidad de la información, la tecnología y la obsolescencia. El lazo nostálgico de los vídeos emulando al télex unía el pasado y presente del periodismo en un nudo perfecto.

Sin duda, este año se ha cultivado mucho más la estética que la polémica y curiosamente, los profesionales hablan de las mejores cifras de los últimos años y del regreso del coleccionista medio, quizá el que estaba esperando encontrarse con este arte formal. Los inversores más exquisitos también tenían reservadas pruebas de esta vuelta a la estética formal; dos de las obras más caras de la feria han sido esculturas: Calder y Juan Muñoz y una tercera ha sido “El triunfo de Nautilus”, óleo de Dalí.

Escultura “Three Laughing Men” de Juan Muñoz

Si bien durante los años en los que la crisis era más evidente y el número de visitantes más escaso, la feria necesitaba el eco que genera el arte controvertido, en esta edición la feria necesitaba volver a las cosas bonitas y lo ha conseguido. Lo ha superado con notable alto. No había más que ver cómo a pesar de todas las alternativas que teníamos durante el finde en la capital, Arco sigue siendo la más significativa de todas las citas, se respira por sus pasillos, por el número de piezas vendidas y los precios de estas y, vamos a decirlo todo, por la estética de sus visitantes. En ninguna entrada hay tanto color, estridencias y aderezos

Detalle de “Global cooling lamp” de Olafur Eliasson

No debería sorprender la multiculturalidad en una feria a la que asisten Galerías de 27 países, sin embargo, esto no cambia por años que pasen, sus pasillos son un escaparate de la moda más atrevida y estridente. Incluso las Galerías argentinas, país invitado de esta edición, han parecido correr pocos riesgos si lo comparamos con los arriesgados estilismos de algunos visitantes.

Los nostálgicos estaréis de acuerdo conmigo en que es un placer volver a ver apuestas serias, saber que ha habido apretones de manos con compromisos sólidos y disfrutar de todo lo que me permito el lujo de llamar cosas bonitas en Arco 2017.

by: Srtarockandrolla

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